La parada cordobesa del Me verás volver tour contó con los mismos ingredientes de la serie de conciertos realizados en River entre octubre y noviembre pasados: escenario de boca anchísima, escenografía alucinógena a cargo de Martin Philips y una multitud que empardó el récord de asistencia a shows de música con entrada paga para esta plaza. Hasta anoche, ese mojón lo ostentaba Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, cuyo último concierto tuvo lugar en el mismo estadio mundialista, el 4 agosto de 2001. ¿Empate ténico?
Lo que le faltó al show de Soda cordobés en relación a los del Monumental fue la previa con Peter Capusotto y sus videos. Pero nadie lo notó. Menos todavía cuando con el correr de los temas Cerati tiró una catarata de chistes que, de tan malos, causaban gracia. Va uno: "Yo le enviaré cenizas de rosas ¡¡¡y de Urquiza!!!", durante la interpretación de un "De música ligera" demasiado autorreferencial. En serio, si hasta se permitió otro "Gracias totales", pero con el "totales" expresado por el público ante un guiño del líder. Va otro chiste (cada uno lo puntúa como quiere): "A ver si hacemos palmas de Mallorca en esta, preciosuras", en el prolegómeno de "En el séptimo día". En fin, cátedra de humor en la tierra del buen humor.
Soda Stereo no venía a Córdoba desde el 22 de noviembre de 1991, en ocasión de la presentación formal del disco Rex Mix. Por eso, el concierto de anoche, al margen de todas las connotaciones que tiene una gira de regreso, tenía sabor a cuenta pendiente. Y sí, porque el trío les había vedado a los cordobeses su faceta más experimental, por decirlo de algún modo. En esta provincia nunca fueron (re) presentados Dynamo ni Sueño Stereo. Para apreciar los shows que en su momento respaldaron esos lanzamientos, no quedaba otra que viajar a Buenos Aires. Sucedió lo mismo en el caso de la gira despedida de 1997, que no contempló ninguna parada en el interior del país. Por entonces, casi en el meridiano de los ’90, Soda era un grupo de exportación que había perdido su dimensión federalista. ¡¡¡Y ahora hay que bancarse que Gustavo invoque a Urquiza!!!
Como conciente de esa situación, Cerati se la pasó piropeando y mimando al público cordobés. "¡Cómo no íbamos a estar en el corazón!", dijo antes de "Corazón Delator". "Vamos a hacer un Picnic en Nono", invitó en la introducción de "Picnic en el 4º B". "El concepto de esta canción es trasladable por vía aérea a otras ciudades como Córdoba. Un saludo grande a la gente que vino de otros lugares", fue el prólogo de "En la ciudad de la furia" que reforzó la explicación ofrecida en la conferencia de prensa de Museum, meses atrás, cuando el de Córdoba todavía era el show de cierre de "Me verás volver". "Antes de agregar otro River, preferimos tocar en Córdoba y no forzar a la gente del interior", se fundamentó por entonces. "He aquí la razón", se respondió a sí mismo Cerati cuando entonó eso de "no vuelvas sin razón", mientras señalaba al soberano. Esto también puede tallar como chiste, según el estado de ánimo.
Como es una fija en las giras de regreso, el público tuvo mayoría de nostálgicos ávidos por repetir la vibración de sus años mozos (muchos treintañeros y cuarentones, bah) y otros tantos que querían tener su bautismo de fuego con la gran bestia pop. Entre unos y otros, armaron una convocatoria para el escándalo y los manuales, que generó un caos vehicular que convirtió en avenidas cicatrices a la Cárcano, a la Colón, a la Rafael Núñez. Después del subidón, pumba, a bancarse horas de paso a tortuga en la ciudad de la furia personal. Es que entre tanto hit inmobiliario, demoliciones, urbanización anárquica y conflictos permanentes en el ámbito del transporte público, Córdoba pierde progresivamente su escala "humana".
Más detalles: el personal de Soda Stereo llegó a Córdoba el viernes, y su cúpula dirigente se hospedó en el hotel Sheraton. El viernes a la noche, los músicos fueron a cenar a un restaurante a orillas de La Cañada y hacia el mediodía de ayer ya estaban hechos unas lechuguitas para afrontar una prueba de sonido reveladora. Es que en ese momento se percibió cierta tiranía de Gustavo (firmeza sería el sustantivo más indicado) y una melancolía general: hubo foto, foto, foto, foto de todo el personal de la gira y abrazos – besos a diestra y siniestra. "La pasamos tan bien en esta gira", confesó el líder ya en el epílogo del show y, también, con la certeza de que el final esta ahí, a 700 kilómetros de aquí y en el maltrecho césped de Núñez. Pero en el Chateau nadie tiene derecho a patalear como el ejercido por el burrito Ortega: Belgrano y Talleres tienen una sarta de burros y, tras el paso de Soda, el estadio será remodelado. Ahora sí, nada más queda.
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lokcba