La banda liderada por Walas tocó por primera vez en el Luna Park; crónica
El espejo es el puente. El espejo es el medio pero también es el principio y el fin. Porque ningún reflejo puede ser el mismo reflejo 20 años después, está claro. El tiempo transforma, sí, pero hay cosas que no están dispuestas a mutar. El espejo es el puente hacia el otro lado; es el puente que atraviesa los tres muros de traumas, miedos y prejuicios, pero para poder cruzarlo hay que querer cruzarlo. 20 años duró el trip de Massacre hacia ese otro lugar; 20 años durante los cuales justificar y no cambiar, a pesar de ser la forma más simple, nunca fue una opción real. El reflejo, hoy, muestra el resultado de esa decisión: desde dónde vienen, qué experimentaron para alcanzar este otro lado ya se sabe; después de llegar por primera vez al Luna Park, la mutación cobra una forma nueva, más gigantesca y mucho más definida. Del vinilo de Massacre Palestina al main con El Mamut, del under al culto masivo, de El Mamut a Obras y de Obras al Luna; fueron los últimos dos años, vertiginosos, los que terminaron de moldear este enorme Golem, hecho a imagen y semejanza de sí mismo.
El Golem tiene la voz de Walas. Y Walas, ya lo conocemos, hace uso de toda su artillería retórica ("Somos los Massacre, mi amor" y todos sus latiguillos), su singular carisma, su panzota, sus calzas, para conquistar. La puesta, con tres pantallas proyectando imágenes macabras de payasos oscuros, colaboró con ese objetivo hipnótico que comenzó paradójicamente por el final.
Esta vez, "Diferentes maneras" provocó el habitual pogo del cierre al principio del largo (larguísimo) repertorio que incluyó todos los temas de El Mamut (excepto el cover de Rod Stewart "Maggie May") y un repaso random por el resto de los discos anteriores. Desde Sol Lucet Ómnibus ("Tell Me Why", "Nuevo día" "From Your Lips", "Try to Hide" y "Violence") hasta 12 nuevas patologías con "Sofía, la super vedette" y la genial "Seguro es por mi culpa" (y "el Massacre queda escrito en el paredón").
Los bloques sensoriales, bien definidos, estuvieron regidos por imágenes alusivas: desde el puro hardcore skater hasta el rock psicodélico y psicológico, oscuro, denso y algo noise. Ahí, la viola de El Tordo, "amante de las seis cuerdas" y base fundamental de la estructura, se llevó la gran ovación de la noche tras el prolongado solo hacia el final de "La orquídea blanca". Y la especial participación de La Tori (manager, mujer y musa) para recitar en "Llena de fe" y corear en "La reina de Marte" sumó la cuota de feminidad necesaria.
Promediando la noche (fueron en total tres horas de show, con algunos breves cortes), "Juicio a un bailarín" fue dedicado a "la mejor banda de vanguardia de la Argentina: Catupecu Machu"; un tributo necesario a quienes, quizás sin quererlo, provocaron el inicio de la escalada versionando su "Plan B: anhelo de satisfacción". "Todo está empezando a ir mejor", repitió Walas antes del último bis, precisamente "Plan B". Y así, dejó en claro que la satisfacción ya no es un mero deseo y rindió homenaje a lo que fue parte de aquel puente; el puente que los cruzó hacia el otro lado, hacia este lado en donde, se sabe, el sol brilla para todos.
Por Yamila Trautman
Fuente: RollingsTone
Fotos: Rafa Suarez
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