El sábado 11 de junio de 2010 quedará para la historia. Al menos para los cordobeses que tuvieron la suerte de vivir el doblete: los dos dioses vivos más geniales, sucios, rebeldes, desmesurados y amados de nuestro Olimpo argentino están de regreso.
Sí, los que tantas veces hospitales, rezos y aguantes. Los que nos inyectaron su arte vía intravenosa, y ya están impresos en nuestro ADN. Por la mañana, Maradona entró al Mundial por la puerta grande, y por la noche, en el Orfeo cordobés 9.500 fieles aclamaron a Charly García: el que murió sin morir y volvió. Uno que ni se nos hubiera ocurrido imaginar hace algunos años, cuando estaba abrazado al dolor y la autodestrucción.
El Mozart del rock nacional ofreció un concierto de más de dos horas sentado al trono de su piano negro de cola. En la banda, con cinco musicazos, brilló como el diamante que es, la voz desbordante de Hilda Lizarazu: “Una reina”, la nombró Charly. Su majestad Lizarazu pareció flotar sobre el escenario con su performance de hada.
Así volvieron a sonar Pubis angelical; Promesas sobre el bidet; Cerca de la revolución ; la psicodélica Pasajera en Trance ; y un nuevo tema cuyo nombre –dijo- no tiene decidido: “La medicina del amor o la medicina del doctor”, con versos bien García: “aunque no pierdo la esperanza/ a veces con vivir no alcanza”. El manifiesto de un sobreviviente que podría dormirse en sus laureles pero que vuelve por más.
Charly le dedicó Rezo por vos a Gustavo Cerati, alternando el teclado con el gesto de sus manos juntas y los ojos cerrados. Córdoba disfrutó de un García intenso, feliz y generoso. Un tanto frágil, sí; pero que como buen zorro viejo que es, patea un micrófono por una cuestión de honor y ríe: “¿Creyeron que me había vuelto bueno?” Llegados los bises, canta el Himno, la bandera atada como la capa de un superhéroe. “Me la mandó el Diego”, dice, y antes de partir, arranca delicado, solo y a capella con aquél “hubo un tiempo que fue hermoso y fui libre de verdad…”. Nos deja. Casi diez mil gargantas de tres generaciones cantan de amor, de alegría, de bienvenida a este hombre que regresa de su tonto fulgor. Un mar de nuevas y viejas olas que, a los gritos, le desean “al gran Charly, argentino salud”.
Fuente: Clarin.com