Biografía:
Gabriel Fernández, nací un 13 de Febrero de 1970 a las 14.23hs “de un día radiante de sol”, recuerda mi madre, en Ciudad Jardín, El Palomar.
En mi casa era muy frecuente que hubiera música sonando, ya que mis padres y mis cuatro hermanas mayores, eran “melómanos” por naturaleza.
Mi padre, cantor de tangos aficionado, solía traducirme las letras del lunfardo, mientras me iba cantando verso por verso, la letra de algún tango.
Padre tradicional en sus gustos (descendiente de toledanos), pero un fuerte admirador de Astor Piazzolla. Un día en la radio me hace escuchar “Verano Porteño”, y mientras las notas se suceden, con gran pasión le decía: “Escuchá, escuchá, ese bandoneón tiene la pesadez de la humedad del verano en Buenos Aires”…
Biografía:
Gabriel Fernández, nací un 13 de Febrero de 1970 a las 14.23hs “de un día radiante de sol”, recuerda mi madre, en Ciudad Jardín, El Palomar.
En mi casa era muy frecuente que hubiera música sonando, ya que mis padres y mis cuatro hermanas mayores, eran “melómanos” por naturaleza.
Mi padre, cantor de tangos aficionado, solía traducirme las letras del lunfardo, mientras me iba cantando verso por verso, la letra de algún tango.
Padre tradicional en sus gustos (descendiente de toledanos), pero un fuerte admirador de Astor Piazzolla. Un día en la radio me hace escuchar “Verano Porteño”, y mientras las notas se suceden, con gran pasión le decía: “Escuchá, escuchá, ese bandoneón tiene la pesadez de la humedad del verano en Buenos Aires”…
Éstas, como otras tantas anécdotas, me acompañaron a lo largo de mi vida, como así también el canto de mi madre (también aficionada y descendiente de salmantinos y árabes) cantando mientras cocinaba “Patotero…rey del bailongo”…
En mi casa escuché de todo, desde Carlos Di Sarli hasta los éxitos de “La playa del amor”, “Julio Iglesias”, etc., mientras el Winco resistiése a tan eclécticos gustos.
Ya de niño y a la edad de 8 años, me armé una batería con las latas de galletitas de metal, (las antiguas que venían con un vidrio circular para ver su contenido), sumando a ésta improvisada batería, los platitos de café del juego de bronce de mi mamá.
Los palillos... antenas quebradas de vaya a saber que radio transmisor.
También supe armar una especie de laúd, con el cortador de huevos duros y una lata de cacao.
A los dieciocho años, mi papá me regala la primera guitarra eléctrica y con ella comienzo a tocar mis primeras notas. Aún cuando ni sabía afinar, compuse una canción tan solo con el acorde de RE, cambiando los rasgueos y moviendo los dedos dentro de ese mismo acorde.
Muchos años de formación autodidacta y experimentación con los sonidos son mi base. Luego el trabajo, a veces amateur y más adelante profesional, sientan las bases de mi estilo actual.
Otros recuerdos: con un minicomponente de doble cassetera, grabé mi material (ya para ésta época, toco varios instrumentos), copiando y recopiando de una a otra cassettera, los diferentes instrumentos, a veces convencionales, otras de su propia fabricación.
Experimento con las posibilidades sonoras de los instrumentos, porque intuyo que siempre hay algo más para encontrar por debajo de la superficie.
De esta forma y después de armar y desarmar varios grupos musicales, trabajo como sonidista, compositor de música para obras de teatro, gesto la propuesta “Gabriel Fernández y los Rastreadores de Almas”, música por supuesto experimental.
Ya en este momento, había tomado clases con algunos profesores de instrumentos para perfeccionar mi técnica, como es el caso de Verónica Condomí, mi profesora de Canto.
En cierta época, me intereso por el folclore argentino, y alguien me sentencia: “¿Vos querés tocar folclore y no sabés andar a caballo?”…
Entonces ahí voy, al campo, en busca de lo que sabía debía aprender.
Comienzo a trabajar como peón, cuidador, y todas las actividades habidas y por haber en el ámbito rural, para dar con los hacedores de la música folclórica.
Allí conozco a un domador y jinete entrerriano, al cual me une una profunda amistad, este me enseña todos los secretos del arte de domar, e inclusive algunas chamarritas.
A partir de esta experiencia, recorro la Pcia. de Bs. As. toda e inclusive parte de Litoral.
A esta altura, ya era domador, cantor en jineteadas e instructor de equitación.
Luego de 5 años de vivir en el medio rural, decido partir hacia otros rumbos, a retornar a aquel lugar que una vez me dio la paz y la sabiduría necesaria para vivir: La Patagonia.
Vivo allí durante siete años, donde me desempeñó como Docente de Música en instituciones privadas y del estado, imparto clases de todos los instrumentos en mi propio taller, compongo música para obras de teatro y presento varios conciertos. Entre ellos “Mareas”, que habla de las idas y venidas…
Hoy, estoy de regreso en Capital Federal, continuando con la docencia, con mis espectáculos y con mis ganas de aprender.
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